Sólo me ves por el
reflejo del retrovisor. Te alejas a no sé dónde, puede que al bar de siempre o
a uno nuevo. De madrugada llegas, tatareando la nana que una vez me escribiste,
recitando tus borradores ahora no coherentes y de fondo, las risas de tus
amigos acompasadas.
¿Dónde quedó aquel artista? ¿Dónde quedó aquel
escritor?
El alcohol te arde por dentro,
tu adicción a él es mayor a la última vez. Me acaricias disculpándote una vez más para
luego chillar que me vaya. Tirando la cerveza al suelo añades tu risa a la de
los demás.
¡Fuera, tú no eres mi hija!
No sé si la calle es mi
amiga o mi enemiga. Nada ha cambiado, sólo que ahora a causa del suelo húmedo y
de mi torpeza caigo, pero no a un abismo como me gustaría, sino en un charco de
alcohol que más tarde sólo resulta ser un charco de agua.
El viento hoy es frío. Hoy las afueras no ofrecen
cobijo.
Las estrellas me mandan resistencia des de
allí arriba. Brillan como si las nubes nunca les arrebataran su luna. La lluvia
esta tarde le reprochó al sol que hoy era su tanda dejando las aceras
empapadas.
-Falta poco para que acabe.- me susurra el viento.
Una noche más espero tu
herencia. Espero los escritos que dejaste firmados a tu nombre, los contratos
sin pagar que quedarán en deudas. Tus
cenizas metidas en una botella de Eristoff y un rótulo.
‘No quedó gota de alcohol para beber, no quedó
tinta para acabar la canción, no quedó vida para seguir viviendo.’
No hay comentarios:
Publicar un comentario