martes, 21 de mayo de 2013

Risas acompasadas.


Sólo me ves por el reflejo del retrovisor. Te alejas a no sé dónde, puede que al bar de siempre o a uno nuevo. De madrugada llegas, tatareando la nana que una vez me escribiste, recitando tus borradores ahora no coherentes y de fondo, las risas de tus amigos acompasadas.

¿Dónde quedó aquel artista? ¿Dónde quedó aquel escritor?

El alcohol te arde por dentro, tu adicción a él es mayor a la última vez.  Me acaricias disculpándote una vez más para luego chillar que me vaya. Tirando la cerveza al suelo añades tu risa a la de los demás.  
¡Fuera, tú no eres mi hija!

No sé si la calle es mi amiga o mi enemiga. Nada ha cambiado, sólo que ahora a causa del suelo húmedo y de mi torpeza caigo, pero no a un abismo como me gustaría, sino en un charco de alcohol que más tarde sólo resulta ser un charco de agua.
El viento hoy es frío. Hoy las afueras no ofrecen cobijo.

 Las estrellas me mandan resistencia des de allí arriba. Brillan como si las nubes nunca les arrebataran su luna. La lluvia esta tarde le reprochó al sol que hoy era su tanda dejando las aceras empapadas.

-Falta poco para que acabe.- me susurra el viento.

Una noche más espero tu herencia. Espero los escritos que dejaste firmados a tu nombre, los contratos sin pagar que quedarán en deudas.  Tus cenizas metidas en una botella de Eristoff y un rótulo.

‘No quedó gota de alcohol para beber, no quedó tinta para acabar la canción, no quedó vida para seguir viviendo.’

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