Ahora, mis ganas de
escribir corren dentro de mí, pero, mi
inspiración por los subsuelos vaga. Eso que soléis llamar autoestima, eso que
yo desconozco, se lo ha llevado el viento con demasiada fuerza, dejándome en el suelo. Los
sentimientos que pensé conservar, se los llevaron al fondo de aquel mar, metiéndolos
en un cofre, diciendo que era para protegerlos, y yo, ingenua, los creí.
Incapaz de inundar el
papel con letras que formen frases me siento. No encuentro el punto
final en este teclado, ¿cómo lo encontraré para mi vida?
Ahora que observo, el
espejo no miente. Ya no tengo rasgos de niña y mis ojos ya no brillan. Mi
sonrisa está escondida como ese beso escondido que Wendy le regaló a Peter. La niñez me ha abandonado, en esos tiempos la
etapa pasó rápido y yo, en vez de embarcarme en un viaje de aventuras, quise
crecer.
De pequeña, pensé que me encontraría con Peter allí, en el País de Nunca
Jamás pero, me he perdido.
Me refugio en una de
las cuevas frías de este sitio. La música de hoy no me gusta, ya que cuando escucho, los insultos retumban por las paredes causando temblores. Yo no
pedí asilo en las oscuras cuevas. Ellos sí. Lo demostraron pidiéndolo a gritos.Yo no quería entrar en
esa sociedad y por eso, ellos dominaron la situación. Aprovecharon la debilidad
y los temblores de las críticas para atacar.
Ellos, los piratas, Yo, el monstruo
escondido.
Empezasteis derrocando las
piedras para luego, tirarme a mí. Queríais derrumbarme con esas miradas. Deseabais que yo
muriera lentamente. Lo queríais y yo, dócil, obedecí. Poco a poco me maté. Me
destruí dejando que la sangre me hiciera cosquillas mientras caía. Echando de
menos las lágrimas y el sentimiento de estar viva me fui siendo mi peor
enemiga.
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