viernes, 24 de enero de 2014

Ayer me llevaste a estudiar mientras ibas borracho y, con miedo, yo me agarraba donde podía 
y me ataba el cinturón
y miraba dirección a los cruces diciéndote cuando podías pasar
 y apretaba los dientes para no llorar. 
De un modo u otro sólo quería llegar a casa.
 Llegar y echarme a llorar una vez más. 
Llorar encerrada en mis sábanas que asfixian y que por momentos tengo que salir a respirar.
 A respirar sin hacer ruido cuando lo único que quiero es chillar.
 Chillar que estoy cansada de buscarte de bar en bar,
que no quiero oír más. 
 No quiero oír cosas que ya se han marchado 
que hacen daño 
y que sólo han dejado sombras deambulando por esta casa 
para recordar que el pasado siempre está.
 Míralas, se acercan mientras yo, en un rincón, intento escapar. 
Pero tú no las miras,
 tú me dejas sola y te vas a buscar consuelo en algún bar. 
-No os acerquéis más, por favor... 

La voz se me quiebra 
y no me dejan 
y se apiadan de mí
y se acercan
 y hacen que recuerde que me voy a ahogar, 
 con las sombras,
 con tus mentiras, 
con mis lágrimas. 
Sólo quiero irme y llorar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario