jueves, 12 de septiembre de 2013

 La imaginación juega conmigo, robando mis pensamientos y haciendo que cierre los ojos.
 Ha dejado aparte tu ausencia y ha puesto tu mano junto a la mía. Hace que me acerque a tu oreja. Mis labios se mueven, susurrándole al viento palabras con tu nombre para que te las lleve. Él promete llevártelas y decírtelas con cuidado para que nadie se entere. Yo sonrío a nadie, aunque ella, la imaginación, me dice que te estoy sonriendo a ti.
 Me embadurnas de tu olor abrazándome y me río, aún no sé muy bien porqué pero lo hago y te contagio. Intento tirarte a la orilla del mar. Las olas chocan contra nuestros tobillos y nos empapan los pies. Me provocan escalofríos pero no le doy importancia Corro a alcanzarte, estás escapando para no caerte al agua. Sin previo aviso paras, me miras y sonríes. En dos segundos el juego ha cambiado: ahora soy yo quien caerá al agua. Me atrapas por la espalda y, simulando un abrazo, me coges. Entre tus brazos olvido que esto es un juego. Poco a poco me olvido del agua y de tu presencia. Mi imaginación desvanece. Mis ojos se abren y mis mejillas anuncian que estoy llorando.
 Los pájaros vuelan bajo y las nubes grises chillan por encima de las montañas. La lluvia le quita el sitio al sol y mi tenue luz se basa en relámpagos que caen de este cielo apagado. Mis labios se han quedado con el sabor de tu marcha y tiemblo reprochándole al viento tu ausencia.


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