La imaginación juega
conmigo, robando mis pensamientos y haciendo que cierre los ojos.
Ha dejado aparte tu
ausencia y ha puesto tu mano junto a la mía. Hace que me acerque a tu oreja.
Mis labios se mueven, susurrándole al viento palabras con tu nombre para que te
las lleve. Él promete llevártelas y decírtelas con cuidado para que nadie se
entere. Yo sonrío a nadie, aunque ella, la imaginación, me dice que te estoy
sonriendo a ti.
Me embadurnas de tu
olor abrazándome y me río, aún no sé muy bien porqué pero lo hago y te
contagio. Intento tirarte a la orilla del mar. Las olas chocan contra nuestros
tobillos y nos empapan los pies. Me provocan escalofríos pero no le doy
importancia Corro a alcanzarte, estás escapando para no caerte al agua. Sin
previo aviso paras, me miras y sonríes. En dos segundos el juego ha cambiado:
ahora soy yo quien caerá al agua. Me atrapas por la espalda y, simulando un
abrazo, me coges. Entre tus brazos olvido que esto es un juego. Poco a poco me
olvido del agua y de tu presencia. Mi imaginación desvanece. Mis ojos se abren
y mis mejillas anuncian que estoy llorando.
Los pájaros vuelan
bajo y las nubes grises chillan por encima de las montañas. La lluvia le quita
el sitio al sol y mi tenue luz se basa en relámpagos que caen de este cielo
apagado. Mis labios se han quedado con el sabor de tu marcha y tiemblo
reprochándole al viento tu ausencia.
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